De periferia a protagonista: el nuevo rol de América Latina en la economía mundial

En 2025, América Latina está protagonizando un nuevo ciclo de atracción de capitales que marca un punto de inflexión en la economía regional. Mientras las potencias tradicionales enfrentan desafíos de desaceleración, los países latinoamericanos emergen como destinos estratégicos para la inversión extranjera directa (IED), impulsados por sus recursos naturales, su papel en la transición energética y un ecosistema tecnológico en crecimiento.

México, Brasil, Chile y Colombia lideran el volumen de inversión en sectores como minería verde, energías renovables, manufactura avanzada y nearshoring. Las multinacionales buscan relocalizar sus cadenas de suministro más cerca de los mercados de consumo norteamericanos, y América Latina —con su cercanía geográfica, tratados comerciales vigentes y costos competitivos— se perfila como el nuevo epicentro industrial del hemisferio.

Centroamérica no se queda atrás. En 2025, países como Costa Rica, Guatemala y El Salvador han experimentado un auge particular en sectores como tecnología, servicios compartidos, agroindustria sostenible y logística. Costa Rica, en particular, se consolida como hub tecnológico y científico gracias a su estabilidad institucional, inversión en capital humano y acuerdos con empresas globales como Intel, Amazon y Bosch.

La inversión también se está diversificando hacia iniciativas con impacto social y ambiental. Fondos verdes, fintechs con enfoque en inclusión financiera y proyectos de infraestructura resiliente están captando cada vez más interés. El concepto de “inversión con propósito” gana tracción, empujado por una generación de empresarios y consumidores más consciente y exigente.

La geopolítica también ha jugado un rol clave. La tensión entre China y Estados Unidos ha reconfigurado el tablero global, abriendo espacios para que América Latina se beneficie de alianzas estratégicas con ambos bloques. China continúa invirtiendo en infraestructura, mientras Estados Unidos impulsa programas de financiamiento y reactivación productiva para contrarrestar su influencia.

No obstante, los desafíos persisten: la inseguridad jurídica, la corrupción, la infraestructura aún limitada en ciertas zonas y la falta de estabilidad política en algunos países siguen siendo barreras para consolidar un crecimiento sostenido. La inversión necesita reglas claras, incentivos atractivos y garantías de largo plazo.

En síntesis, 2025 se perfila como un año de consolidación para América Latina en el radar global de inversiones. Si los gobiernos logran capitalizar esta ola con políticas públicas eficientes y sostenibles, la región podría no solo atraer más capital, sino también sentar las bases de un desarrollo más equitativo e innovador en la próxima década.

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