El sector inmologístico entra en 2026 en una fase de consolidación estratégica, marcada por la transformación tecnológica, la presión por la sostenibilidad y la necesidad de responder a una demanda cada vez más sofisticada. Más allá de la construcción de bodegas o centros de distribución, hoy el foco está puesto en desarrollar activos inteligentes, resilientes y adaptables, capaces de integrarse a cadenas de suministro más automatizadas, digitalizadas y exigentes. Esta evolución está redefiniendo el negocio inmobiliario industrial a escala global y también abre una ventana de crecimiento para América Latina.
Uno de los principales objetivos del sector para este año será acelerar la creación de infraestructura “build to suit”, es decir, desarrollos diseñados a medida para las operaciones específicas de cada cliente. Empresas vinculadas al e-commerce, retail, alimentos, farmacéutica y manufactura avanzada buscan centros logísticos que incorporen automatización, mayor capacidad energética, sistemas de seguridad reforzados y flexibilidad operativa. Esta personalización se está convirtiendo en un factor diferenciador para atraer inversión y elevar la competitividad de los activos inmologísticos.
Para EY, otro gran eje será la sostenibilidad como criterio de valorización. La inmologística de 2026 no sólo deberá ser eficiente en costos, sino también en huella ambiental. Naves con certificaciones verdes, generación energética propia, materiales de baja emisión, sistemas de reutilización hídrica y diseño enfocado en eficiencia térmica comenzarán a posicionarse como estándar de mercado, especialmente ante inversionistas institucionales que hoy privilegian proyectos alineados con metas ESG. Esto representa una gran oportunidad para desarrolladores que integren innovación ambiental desde la etapa de diseño.
En paralelo, la automatización abrirá nuevas oportunidades de negocio. Informes recientes indican que la incorporación de tecnologías como robots móviles autónomos (AMR), vehículos guiados automatizados (AGV), sensores IoT y analítica predictiva está modificando el diseño de los espacios logísticos. Los centros de distribución ya no se conciben sólo como lugares de almacenamiento, sino como nodos inteligentes de procesamiento, gestión de inventario y distribución en tiempo real. Quienes desarrollen activos preparados para esa transición tecnológica tendrán una ventaja competitiva clara durante la próxima década.
América Latina
Para América Latina, además, 2026 presenta una oportunidad estructural impulsada por el nearshoring, la regionalización productiva y la expansión del comercio digital. EY publica que, países con buena conectividad portuaria, acceso a corredores bioceánicos, disponibilidad de suelo industrial y marcos regulatorios más ágiles podrían convertirse en nuevos polos inmologísticos regionales. México, Chile, Colombia, Perú y Brasil aparecen bien posicionados para captar parte de esa nueva demanda, siempre que acompañen con infraestructura, digitalización y mayor certidumbre para la inversión.
En definitiva, el gran desafío del sector inmologístico en 2026 será dejar de pensar en metros cuadrados y comenzar a pensar en ecosistemas logísticos integrados. La oportunidad no estará sólo en construir más, sino en construir mejor: activos conectados, sostenibles, flexibles y tecnológicamente preparados para un comercio global más dinámico. En ese nuevo mapa, la inmologística se consolida como uno de los segmentos inmobiliarios con mayor proyección, rentabilidad y valor estratégico para la economía regional.


