La industria del delito digital alcanza cifras históricas y reconfigura la economía global

El cibercrimen alcanzó una dimensión económica superior al PBI anual de toda América Latina y el Caribe. Los daños causados por fraudes, robos de información, secuestros de datos e interrupciones operativas fueron estimados en US$10,5 billones durante 2025 y, según un informe de Cybersecurity Ventures, el costo global del cibercrimen superará los 12 billones de dólares en 2026.

TN publica que, si esa cifra correspondiera al producto bruto interno de un país, ocuparía el tercer lugar mundial, detrás de Estados Unidos y China. La comparación permite dimensionar el alcance de una actividad ilícita que dejó atrás la imagen del atacante solitario frente a una computadora. En la actualidad, los grupos criminales operan mediante estructuras organizadas que desarrollan programas maliciosos, venden accesos a redes corporativas, negocian rescates y lavan el dinero obtenido.

Quiénes están detrás de los ciberataques en América Latina

La economía del cibercrimen funciona mediante un modelo conocido como Cybercrime-as-a-Service, o cibercrimen como servicio. Los participantes se especializan en diferentes tareas y ofrecen sus capacidades a otros delincuentes a través de alquileres y con una “comisión” de entre el 20% y el 30% del botín.

Un grupo puede dedicarse a obtener contraseñas mediante correos fraudulentos. Otro verifica cuáles siguen activas y vende el acceso a las cuentas. Un tercer equipo ingresa en la red, extrae los archivos y ejecuta el programa encargado de cifrarlos. Finalmente, otros actores negocian el rescate o convierten los fondos obtenidos para dificultar su seguimiento.

Esta división del trabajo permite lanzar ataques complejos sin que todos los involucrados tengan conocimientos avanzados. También reduce los costos, acelera las operaciones y facilita que una misma infraestructura sea utilizada contra numerosas víctimas.

“Las organizaciones criminales ya no improvisan; operan con la disciplina de una empresa tecnológica moderna. Utilizan automatización, inteligencia artificial, especialización, cadenas de suministro y modelos de negocio escalables para maximizar sus ingresos y reducir sus costos operativos”, explicó Juan Carlos Rivera, Security Advisor para Akamai Latinoamérica, en un comunicado compartido con TN Tecno.

Algunas organizaciones criminales cuentan, además, con equipos dedicados y especializados en comunicación con las víctimas. Sus operadores explican cómo comprar criptomonedas, fijan plazos y negocian el monto necesario para recuperar los archivos. La estructura imita funciones presentes en una empresa legal, desde el desarrollo tecnológico hasta la atención al cliente.

En cuanto a los objetivos, pueden ser diferentes: las bandas de ransomware buscan un beneficio económico. Los grupos vinculados con gobiernos realizan tareas de espionaje, roban investigaciones o intentan acceder a infraestructuras críticas. También existen intermediarios que obtienen credenciales corporativas y las venden a quienes planean una intrusión de mayor alcance.

Las técnicas más utilizadas por los ciberdelincuentes

América Latina se convirtió en un objetivo atractivo por la expansión de los servicios digitales, el crecimiento de las billeteras virtuales y la cantidad de organizaciones que todavía utilizan sistemas desactualizados. Durante el segundo trimestre de 2025, las empresas de la región recibieron un promedio de 2803 ataques semanales, según Check Point Research. La cifra fue una de las más altas del mundo y representó un crecimiento interanual del 5%.

El phishing continúa entre las principales puertas de entrada. En conocida pero efectiva técnica, la víctima recibe un correo, un mensaje de WhatsApp o una notificación que aparenta provenir de un banco, una plataforma digital o un compañero de trabajo. El enlace dirige a una página falsa preparada para capturar contraseñas, datos personales o códigos de autenticación.

Los delincuentes también utilizan campañas dirigidas contra empleados específicos. Antes de enviar el mensaje, investigan el cargo de la persona, sus contactos y las empresas con las que trabaja. Esa información permite crear pedidos de pago, facturas o solicitudes de acceso con una apariencia más creíble.

La inteligencia artificial amplió la escala de estos engaños. Los chatbots pueden redactar miles de mensajes personalizados, corregir errores y adaptar el contenido a distintos idiomas. Además, las herramientas de clonación de voz y video permiten simular una orden de un directivo o construir un falso secuestro virtual.

“La irrupción de la inteligencia artificial introdujo métodos altamente sofisticados en el cibercrimen de América Latina e incrementó de manera exponencial la escalabilidad de los ataques mediante la automatización. Destacan, por un lado, el uso de modelos de lenguaje para la redacción masiva de correos fraudulentos personalizados y multilingües y, por otro, la clonación de voz y video para simular órdenes ejecutivas o secuestros virtuales”, agregó Rivera.

Otra técnica frecuente es el ransomware. El programa bloquea los sistemas y cifra la información para exigir dinero a cambio de su recuperación. Muchas bandas extraen previamente los archivos y amenazan con publicarlos. De esta forma, la restauración de una copia de seguridad resuelve el bloqueo operativo, mientras permanece el riesgo de exposición de los datos.

Los ataques distribuidos de denegación de servicio, conocidos como DDoS, saturan páginas, aplicaciones y plataformas mediante solicitudes enviadas desde miles de dispositivos. Su objetivo es dejar el servicio fuera de funcionamiento, generar pérdidas o presionar a la organización para que pague.

La cadena de suministro ofrece otra vía de entrada. Los delincuentes comprometen a un proveedor tecnológico y utilizan ese acceso para alcanzar a sus clientes. Una falla en una plataforma compartida puede multiplicar el número de afectados con una única operación.

Por qué las API se convirtieron en un objetivo prioritario de los ciberdelincuentes

Las interfaces de programación de aplicaciones, conocidas como API, conectan sistemas y permiten que dos servicios intercambien información. Intervienen cuando una aplicación consulta una cuenta, procesa un pago, verifica una identidad o solicita datos almacenados en otra plataforma.

Esa función las convierte en un acceso directo a algunos de los recursos más valiosos de una organización. Una API mal configurada puede exponer información personal, permitir operaciones sin autorización o revelar funciones internas que deberían permanecer protegidas.

El informe de Akamai sobre aplicaciones, API y ataques DDoS registró un crecimiento interanual del 113% en el promedio de ataques diarios contra estas interfaces. El estudio señala que el 61% de los incidentes observados durante 2025 involucró flujos de trabajo sin autorización y comportamientos anormales. En 2024, esa proporción era del 30%.

El cambio indica que los atacantes buscan abusar del funcionamiento legítimo de una plataforma. En lugar de explotar únicamente una falla técnica conocida, pueden manipular procesos de registro, recuperación de contraseñas, compras o transferencias hasta obtener un resultado para el que nunca fueron diseñados.

La expansión de los agentes de inteligencia artificial agrega nuevas conexiones y eleva la cantidad de operaciones ejecutadas mediante API. Cada integración amplía la superficie que las empresas necesitan vigilar.

Cómo protegerse de los ataques en 2026

“Comprender la mentalidad, la forma de operar y el modelo de negocio de los grupos ciberdelictivos es fundamental para diseñar estrategias de ciberseguridad eficaces, priorizar las inversiones y anticiparse a unas amenazas cada vez más complejas”, explicaron a TN Tecno desde Akamai.

Y recomendaron: “Analizar cómo funciona su economía, cuáles son sus incentivos y cómo evolucionan sus métodos permite construir una defensa más sólida y adaptativa para proteger el negocio digital. En este contexto, las organizaciones deben identificar y proteger sus datos más valiosos, realizar pruebas de penetración de forma continua para detectar vulnerabilidades, validar estrictamente la identidad de usuarios y dispositivos, impulsar programas de concienciación frente a la ingeniería social y el phishing, mantener copias de seguridad desconectadas de la red para mitigar el impacto del ransomware, monitorizar posibles filtraciones de credenciales o datos corporativos en la web y emplear herramientas de detección inteligente que permitan identificar y contener los ataques en el menor tiempo posible”.

¿Crónica de una muerte anunciada? Chile y la pérdida del control estratégico del Pacifico Sur