En un año marcado por la incertidumbre política y los riesgos macroeconómicos, las monedas latinoamericanas han experimentado un sorprendente aumento promedio del 5,8%.
¿Cómo se explica esta fortaleza cambiaria en un entorno de bajo crecimiento económico? J.P. Morgan explica en su publicación que este fenómeno no es exclusivo de América Latina, al igual que la apreciación del euro (+8,6% en lo que va de año) no se debe únicamente a la mejora en las perspectivas de crecimiento en Europa. En ambos casos, el fortalecimiento de las monedas responde, en gran medida, a la debilidad del dólar, consecuencia evidente de la errática política comercial del gobierno estadounidense.
Sin embargo, más allá de los movimientos actuales, la diversificación de monedas siempre es una estrategia prudente, independientemente de las tasas de cambio de la moneda local. La diversificación cambiaria no sólo ayuda a mitigar el riesgo asociado con la concentración en una sola moneda, sino que también proporciona acceso a oportunidades de inversión en diferentes mercados.
Al distribuir los activos en varias divisas, los inversionistas pueden protegerse contra la volatilidad y las fluctuaciones económicas que afectan a las monedas locales. Además, una cartera diversificada permite aprovechar las fortalezas de economías extranjeras, que pueden estar en fases diferentes del ciclo económico, ofreciendo así un equilibrio y estabilidad a largo plazo.
La debilidad del dólar no pone en duda su estatus como moneda de reserva
Mientras las ventas del resto del mundo a Estados Unidos representan apenas el 4% de su PIB combinado, las exportaciones estadounidenses a esos mismos destinos equivalen al 11% del PIB nacional. En su confrontación con el mundo, Estados Unidos es el que más arriesga.
Tras años de excepcionalismo en el crecimiento económico estadounidense, en lo que va de 2025, los economistas han recortado sus previsiones para Estados Unidos más que para cualquier otra región.
Una reversión en las perspectivas de crecimiento
Para agravar el deterioro de las perspectivas, el coste del capital en Estados Unidos continúa al alza, impulsado por una mayor “prima de riesgo ” dada la incertidumbre arancelaria y persistentes déficits fiscales a más largo plazo. Hasta ahora, el déficit se ha financiado en gran medida mediante la adquisición extranjera de activos estadounidenses, que hoy alcanzan aproximadamente 26 billones de dólares.
Incluso ligeras variaciones en la asignación de carteras o estrategias de cobertura cambiaria pueden generar movimientos relevantes. Por ejemplo, un ajuste del 1% en cobertura del dólar podría desencadenar ventas de la moneda por más de 160 mil millones de dólares.
Un caso ilustrativo es el dólar taiwanés, que se apreció cerca del 8% en apenas dos días, luego de que exportadores y aseguradoras locales se apresuraran a convertir o cubrir sus amplias posiciones en dólares estadounidenses frente al riesgo cambiario. Este episodio llevó a muchos a cuestionar la sostenibilidad del rol de la divisa estadounidense como moneda de reserva global. En J.P. Morgan no están de acuerdo.
El dólar ha experimentado una caída notable
Aunque consideramos que aún existe margen para un desempeño más débil del dólar, impulsado por la convergencia cíclica y reasignación global de activos, ninguna otra moneda puede rivalizarle en términos de reservas internacionales, liquidación de operaciones o infraestructura financiera. El dólar representa cerca del 90% de las transacciones de divisas, el 66% de la deuda internacional, el 58% de las reservas mundiales y el 48% de los pagos procesados a través de SWIFT (Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales).
¿Cómo aprovechar esto en su cartera?
Para muchos clientes en América Latina, la diversificación cambiaria es casi intuitiva, dada la fuente de su patrimonio y la exposición que ya tienen a sus monedas locales. Por lo mismo, mantienen la mayor parte de sus activos financieros fuera de sus países de origen, denominados en dólares. Al hablar de diversificar monedas, no significa aumentar la concentración a monedas locales.
De hecho, aumentar significativamente la concentración doméstica los expondría a una mayor volatilidad y a un exceso de riesgo idiosincrático, especialmente en un año como este, en el que anticipamos un crecimiento económico más débil en todos los países de la región (excepto Argentina) y una aceleración de la flexibilización monetaria, lo que podría reducir el atractivo de los rendimientos locales.
Hay amplio margen para una mayor relajación
Cuando hablamos de diversificación de divisas, nos centramos en otras monedas de reserva, siguiendo el modelo de los bancos centrales globales. Al igual que muchos inversionistas, estas entidades operan con horizontes de inversión a muy largo plazo: buscan preservar el poder adquisitivo, garantizar la liquidez y seguridad, y alcanzar una tasa de retorno específica.
Con casi 13 billones de dólares en activos gestionados, suelen favorecer monedas asociadas con mercados financieros profundos y líquidos, que ofrezcan una amplia gama de activos de inversión. Además del dólar, sus principales asignaciones en divisas incluyen oro y valores denominados en euros, yenes japoneses y libras esterlinas (otras conocidas monedas de reserva).
Los bancos centrales diversifican sus reservas en varias monedas
Como ya mencionó el director de Estrategia Global de Divisas en J.P. Morgan, Sam Zief, en el artículo «Diversificación del dólar: ¿Por qué ahora?», no existe una fórmula perfecta para diversificar la exposición a divisas. No obstante, un punto de referencia razonable sería el del Índice MSCI Mundo, cuya exposición a otras monedas ronda el 25%.
El oro también destaca como un activo confiable, especialmente en tiempos de debilidad del dólar. Dadas las tensiones geopolíticas, su atractivo como reserva de valor para los bancos centrales ha crecido—particularmente en mercados emergentes como China, que ha ido aumentando sus reservas. No obstante, para los inversionistas individuales, la naturaleza de este metal como activo sin rendimiento resalta la importancia de evaluar el impacto en la cartera antes de decidir la asignación adecuada.
Una cartera diversificada puede ofrecer mayor estabilidad y previsibilidad a largo plazo. Al equilibrar la exposición a distintas divisas y regiones, los inversionistas logran un desempeño más uniforme y reducen el impacto de las fluctuaciones cambiarias. Esta estrategia también mitiga el riesgo de pérdidas significativas por variaciones económicas, brindando tranquilidad y permitiendo enfocarse en los objetivos financieros sin distracciones por las oscilaciones del mercado. La seguridad es clave para quienes buscan preservar y aumentar su patrimonio a largo plazo.
En un mundo cada vez más interconectado, los inversionistas tienen la oportunidad de analizar su exposición cambiaria y estrategias de diversificación. Al comprender los riesgos asociados con la concentración en moneda local y adoptar un enfoque global, pueden posicionarse mejor para alcanzar el éxito a largo plazo.
Fuente: J.P.Morgan


