El modelo de expansión corporativa china en América Latina revela un patrón sistémico de violaciones a las leyes laborales, relaciones comerciales asimétricas y el desplazamiento de la mano de obra local, lo que contradice la narrativa oficial de Pekín sobre una «cooperación de beneficio mutuo».
La Tribuna publica que, a través de operaciones que refuerzan la dependencia regional de las materias primas y la importación de sus propios trabajadores para proyectos clave, diversas investigaciones y denuncias documentan cómo la presencia china socava el desarrollo industrial y genera conflictos en múltiples países. Honduras es el ejemplo más reciente y paradigmático de esta dinámica. América Latina funciona principalmente como proveedora de materias primas (minerales, soja, petróleo) mientras importa desde China bienes manufacturados de alto valor, según el analista internacional Emmanuel Rincón.
Este patrón neo-extractivista genera déficits comerciales estructurales. Tan sólo en 2023, este desequilibrio alcanzó los 33 mil millones de dólares, una cifra que refleja la diferencia entre los 242 mil millones que la región importó de China y los 208 mil millones que logró exportarle. Este desbalance anula la competitividad de las industrias locales, con casos documentados como la pérdida de 350.000 empleos en el sector manufacturero de México.
El desequilibrio se agrava con un incumplimiento deliberado de las legislaciones nacionales. Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) descarta que los conflictos laborales se deban a «diferencias culturales» y los atribuye a un «rechazo de las empresas chinas a acatar las leyes laborales del país anfitrión».
Este comportamiento se replica en diversos sectores: en Guatemala, comercios chinos acumulan más de 264 denuncias por explotación; en Brasil, una investigación en la planta de BYD rescató a 163 trabajadores chinos en «condiciones análogas a la esclavitud»; y en Perú, las operaciones mineras de Shougang y MMG son escenario de violentos y recurrentes conflictos.
La promesa de crear empleo masivo, un pilar del discurso chino, “queda desvirtuada por la práctica de importar su propia mano de obra, incluso para proyectos de ‘donación’”, apuntó Rincón.
La Biblioteca Nacional de El Salvador y el Estadio Nacional de Costa Rica fueron construidos íntegramente por personal chino, un modelo que crea enclaves económicos con un impacto mínimo en el mercado laboral local.
En opinión del analista, “esta estrategia impide la transferencia de conocimientos técnicos y perpetúa un ciclo de dependencia, priorizando la velocidad de ejecución de los proyectos sobre el desarrollo sostenible del país anfitrión”.
El experto advirtió que el impacto económico, por ejemplo, para países como Honduras es mínimo. Al importar maquinaria, materiales y obreros, la mayor parte de la inversión regresa a China, mientras el país se queda con la infraestructura y la deuda del préstamo que la financia, pero sin empleo real ni transferencia de conocimiento.
Fuente: La Tribuna


