América Latina se suma a la carrera del amoníaco verde con foco logístico

América Latina y Centroamérica comienzan a posicionarse como actores relevantes en la carrera global por el amoníaco verde, un insumo clave para la descarbonización de industrias intensivas en emisiones y para el futuro del transporte marítimo. Impulsada por su abundante potencial en energías renovables —solar, eólica e hídrica— la región avanza en proyectos que buscan transformar el hidrógeno verde en amoníaco, facilitando su almacenamiento, transporte y exportación hacia los principales mercados del mundo.

Chile y Brasil lideran la agenda regional con estrategias nacionales que combinan incentivos públicos, asociaciones con capital privado y hojas de ruta claras hacia 2030 y 2050. En el norte chileno, el desarrollo solar del desierto de Atacama sustenta proyectos orientados a la exportación, mientras que en el sur los fuertes vientos permiten producir hidrógeno y amoníaco a gran escala. Brasil, en tanto, apuesta por complejos industriales integrados en sus puertos del nordeste, donde la producción de amoníaco verde se conecta directamente con la logística marítima y la industria de fertilizantes.

En Centroamérica, países como Costa Rica y Panamá avanzan con planes más acotados pero estratégicos, enfocados en la sostenibilidad y la atracción de inversión extranjera. Costa Rica impulsa el amoníaco verde como parte de su matriz energética limpia y su compromiso de carbono neutralidad, mientras Panamá explora su potencial como hub logístico regional, aprovechando su infraestructura portuaria y el Canal para convertirse en un punto de abastecimiento de combustibles verdes para la navegación internacional.

México y Colombia también han incorporado el amoníaco verde en sus planes energéticos y de transición productiva. En ambos casos, las estrategias apuntan a polos industriales donde la producción pueda atender tanto la demanda interna —especialmente en fertilizantes— como los mercados de exportación. La cercanía con Estados Unidos y Europa aparece como una ventaja competitiva, en un contexto donde las economías desarrolladas buscan asegurar suministro de combustibles limpios a largo plazo.

Los planes de ejecución en la región comparten desafíos estructurales: marcos regulatorios en desarrollo, acceso a financiamiento competitivo y necesidad de infraestructura eléctrica y portuaria adecuada. Para sortear estos obstáculos, los gobiernos han optado por modelos de colaboración público-privada, licitaciones internacionales y acuerdos de largo plazo con compradores estratégicos, elementos clave para viabilizar proyectos intensivos en capital.

Pese a las brechas pendientes, América Latina muestra una hoja de ruta clara hacia el amoníaco verde como motor de crecimiento y diversificación económica. La combinación de recursos naturales, ubicación geográfica y experiencia logística ofrece una oportunidad única para insertarse en las nuevas cadenas globales de energía limpia, en un escenario donde la velocidad de ejecución será tan determinante como la ambición de los planes anunciados.

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