En 2025, América Latina y el Caribe enfrenta un escenario de crecimiento económico moderado y desigual entre sus países, según las proyecciones más recientes del Banco Mundial. La región en su conjunto crecería alrededor del 2,3 %, lo que la sitúa entre las regiones de menor dinamismo económico a nivel global.
Estas estimaciones reflejan la persistencia de desafíos estructurales como la incertidumbre comercial, altos niveles de deuda y una débil recuperación de la demanda interna tras la pandemia de COVID-19. Dentro de ese contexto general, varios países presentan perspectivas de expansión particularmente bajas. México, una de las economías más grandes de Latinoamérica, se espera que experimente un crecimiento muy reducido o incluso nulo en 2025. Según datos del Banco Mundial, la previsión de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para México ronda 0 %, una señal de estancamiento que contrasta con años anteriores y que se atribuye en parte a la débil demanda interna y a los riesgos derivados del entorno internacional.
Otro país con proyecciones por debajo del promedio regional es Brasil, la economía más grande de la región. El crecimiento esperado para Brasil en 2025 se estimó en torno al 1,8 %, cifra que, aunque positiva, sigue siendo modesta frente a las necesidades de expansión y generación de empleo de su población. Este bajo crecimiento responde a ajustes fiscales internos, presiones inflacionarias y un contexto externo menos favorable para las exportaciones.
Además, economías como la de Ecuador también se encuentran entre las que tendrán menor crecimiento relativo en la región. Ecuador se ubica en torno al 1,9 % según las estimaciones del Banco Mundial para 2025. Estos resultados reflejan la combinación de factores internos y externos que limitan el dinamismo de sus economías, incluyendo ajustes fiscales, volatilidad de los precios de los commodities y una demanda global moderada.
En los casos de Bolivia y el Haití, las proyecciones económicas son todavía menos alentadoras. Bolivia, con un crecimiento previsto de alrededor del 1,2 %, enfrenta retos estructurales de largo plazo como la diversificación productiva y la atracción de inversión. Haití, por su parte, aparece con cifras más bajas o incluso con contracción económica según distintos pronósticos internacionales, reflejando una situación de profunda inestabilidad política y social que ha limitado severamente la actividad económica.
En conjunto, estas proyecciones ponen de manifiesto las persistentes brechas de crecimiento entre los países latinoamericanos y la necesidad de políticas más sólidas que impulsen la productividad, la inversión y la integración comercial.
Si bien algunos países como Argentina o República Dominicana muestran perspectivas más dinámicas, las naciones con menor crecimiento previsto enfrentan el desafío de mejorar sus entornos institucionales y fortalecer la confianza para atraer inversiones que aceleren el desarrollo económico en los próximos años.


