Nos encontramos ante el cambio de Año Lunar, que este ejercicio cae el 17 de febrero, bajo el simbólico Caballo de Fuego. El Año Nuevo chino marca tradicionalmente un período vacacional durante el cual la producción se detiene en la llamada “fábrica del mundo”.
Habitualmente, las semanas previas a la festividad vienen acompañadas de buques con overbooking, mientras que las posteriores registran numerosas salidas canceladas desde Asia. Es un período clave para el negocio entre navieras, transitarias y cargadores, en el que los fletes marítimos adquieren especial relevancia.
Cuando el nivel de carga es alto, los fletes se mantienen elevados e incluso dan pie a la aplicación de recargos como el Peak Season. A la inversa, si no se genera overbooking, los fletes tienden a caer con el objetivo de llenar los buques. El interés de las líneas portacontenedoras es captar el mayor número posible de contenedores llenos, incluso provocando roll-overs que se cargan en las salidas posteriores al Año Nuevo Chino.
La situación actual del comercio internacional, bajo el yugo regulatorio del gobierno estadounidense y sus aranceles, que van y vienen al ritmo de decisiones políticas, genera un clima de incertidumbre y desplazamiento del comercio entre bloques. La llamada guerra comercial 2.0 de Trump afecta al conjunto de la economía global. Conviene recordar que, en su primera edición en 2018, Estados Unidos atacó casi exclusivamente a las exportaciones chinas.
Hoy, China ya no orienta su producción de forma prioritaria hacia Estados Unidos y cuenta con mercados alternativos consolidados, especialmente gracias a la política de la Nueva Ruta de la Seda. En este contexto, los fletes marítimos flaquean a la baja en la mayoría de trades, mientras que los fletes aéreos se mantienen en niveles elevados.
A diciembre de 2025, las exportaciones chinas aumentaron un 6,6 % interanual, alcanzando un hito histórico de 358.000 millones de dólares. Frente a los aranceles norteamericanos, la producción fabril se ha diversificado hacia mercados alternativos como el Sudeste Asiático, Europa, Latinoamérica y África.

(fuente: Administración oficial de aduanas de PRC).
Los descensos registrados el año pasado en los meses de febrero y octubre se explican por las festividades del Año Nuevo Lunar y el Dragon Boat Festival. El repunte de marzo fue consecuencia de cargas adelantadas para anticiparse a la entrada en vigor de los aranceles de la guerra comercial 2.0.
De cara a 2026, puede estimarse un comportamiento similar. Según Morgan Stanley, China aumentará su cuota de exportaciones globales del 15 % actual al 16,5 % en 2030. No obstante, debe considerarse el factor político-militar que rodea a la economía mundial, así como el impacto disruptivo de la inteligencia artificial y la robotización, capaces de alterar por completo las previsiones imaginables.
Ante la inestabilidad del mayor mercado de consumo del mundo, cuyo crecimiento actual se apoya crecientemente en las inversiones de Wall Street en inteligencia artificial, Occidente refuerza sus lazos con China, alterando los mercados financieros y tensionando las divisas. Todo ello con un dólar estadounidense que la FED se resiste a depreciar, en contra de los deseos de la Casa Blanca.


En este escenario, China comienza a potenciar el yuan como alternativa al dólar. Bangladesh ya realizó pagos en yuanes entre 2018 y 2023; Kenia está convirtiendo parte de su deuda con China de dólares a yuanes; y Etiopía avanza en la reestructuración de sus pagos en divisas. Argentina, por su parte, utilizó yuanes para liquidar deuda con el FMI, práctica que se interrumpió en noviembre de 2025 tras la inyección de 40.000 millones de dólares por parte de Trump al gobierno de Milei (movimiento que, de forma indirecta, también benefició al Banco Central chino).
El pago internacional en yuanes se perfila, de este modo, como una tendencia que muchos países deudores evalúan a corto plazo, especialmente en África y Latinoamérica, modificando el panorama comercial global al galope del caballo chino.
Por Chong Suk Lee



