En América Latina, la recuperación del ferrocarril ha comenzado a ocupar un lugar estratégico dentro de las políticas de movilidad sostenible, pero no todos los países avanzan al mismo ritmo en materia de electrificación. Si la pregunta es qué nación ha comprendido mejor la importancia de transformar el tren en un sistema de transporte limpio, eficiente y conectado con las necesidades regionales, Chile aparece como uno de los casos más consolidados de la región, especialmente por la continuidad de sus inversiones en infraestructura y material rodante eléctrico.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destaca que el transporte ferroviario de pasajeros tiene un papel fundamental en la reducción de emisiones y en la descarbonización del transporte latinoamericano.
La experiencia chilena destaca porque la electrificación no se ha limitado a proyectos urbanos aislados, sino que forma parte de una estrategia de expansión de los servicios ferroviarios de pasajeros. La Empresa de los Ferrocarriles del Estado (EFE) ha impulsado nuevos servicios y renovación de flota con trenes eléctricos, mientras proyectos como Melipilla y Batuco contemplan automotores 100% eléctricos. En paralelo, la Región del Biobío ha recibido inversiones para aumentar la capacidad del Biotren y fortalecer su infraestructura eléctrica. El Gobierno chileno ha señalado que estas obras buscan ampliar significativamente la capacidad del sistema, con la meta de duplicarla en determinados servicios hacia 2027.
Uno de los mejores ejemplos está precisamente en el Biotren, sistema que conecta distintas comunas del Gran Concepción y que se ha convertido en una pieza relevante de la movilidad regional. La llegada de nuevos trenes eléctricos responde al crecimiento sostenido de la demanda: EFE informó que el servicio superó los 11 millones de viajes durante 2025, con más de 50 mil pasajeros diarios. La incorporación de diez nuevas unidades busca reforzar la operación y avanzar hacia una mayor capacidad durante las horas punta. Esta combinación entre electrificación, renovación de flota y aumento de frecuencias demuestra que el tren puede convertirse en una alternativa competitiva frente al transporte carretero.
Chile también ha entendido que electrificar el ferrocarril requiere modernizar simultáneamente la infraestructura. Un ejemplo es el nuevo puente ferroviario del Biobío, que cuenta con 1,9 kilómetros de longitud y dos vías electrificadas, permitiendo aumentar la capacidad y mejorar las condiciones tanto para pasajeros como para carga. Esta visión resulta especialmente relevante para América Latina, donde los sistemas ferroviarios suelen enfrentar problemas de infraestructura, baja inversión y falta de integración entre transporte de pasajeros y mercancías. La experiencia chilena muestra que la electrificación puede formar parte de una estrategia más amplia de modernización logística y territorial.
Colombia, sin embargo, está emergiendo como uno de los países que podría disputar ese liderazgo en los próximos años. El Regiotram de Occidente, actualmente en construcción, será el primer sistema ferroviario regional 100% eléctrico del país y conectará municipios de Cundinamarca con Bogotá. El proyecto contempla atender una demanda significativa de pasajeros y representa un cambio importante respecto de décadas de rezago ferroviario.
Además, el Gobierno colombiano trabaja en otros proyectos eléctricos, como el Tren de Zipaquirá y el Tren de Cercanías del Valle del Cauca. En mayo de 2026, el Departamento Nacional de Planeación presentó una política de modernización ferroviaria que busca elevar la proporción de red férrea operativa desde el 36% actual a más del 75% después de 2035.
La comparación permite concluir que Chile es actualmente uno de los referentes latinoamericanos más claros en electrificación ferroviaria regional, debido a que cuenta con servicios eléctricos en operación, renovación permanente de trenes y proyectos que incorporan desde su diseño criterios de sostenibilidad.
Colombia, por su parte, está realizando una apuesta de gran escala que podría transformar su sistema ferroviario durante la próxima década. El desafío para ambos países será integrar los trenes con otros modos de transporte, aumentar la cobertura regional y garantizar que la electricidad utilizada provenga progresivamente de fuentes bajas en emisiones. En una región donde el transporte carretero concentra buena parte de la movilidad y genera importantes externalidades ambientales, la electrificación ferroviaria aparece no solo como una alternativa tecnológica, sino como una herramienta para reducir emisiones, descongestionar las ciudades y construir cadenas de transporte más eficientes y sostenibles.
Centroamérica
Costa Rica aparece como uno de los países centroamericanos que mejor ha comprendido la importancia de avanzar hacia la electrificación del transporte ferroviario regional. El país ha impulsado durante años la modernización del tren como una alternativa para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, disminuir las emisiones contaminantes y mejorar la movilidad urbana. La experiencia costarricense destaca especialmente por el proceso de electrificación del Tren Eléctrico de la Gran Área Metropolitana, concebido como una pieza estratégica para construir un sistema de transporte público más limpio, eficiente e integrado.
Esta apuesta también adquiere relevancia desde una perspectiva regional, ya que la electrificación ferroviaria puede contribuir a transformar la conectividad y la logística centroamericana. Un sistema ferroviario moderno, interoperable y alimentado progresivamente con energías de menor impacto ambiental permitiría trasladar pasajeros y carga con mayor eficiencia, descongestionar las carreteras y reducir los costos asociados al transporte.
En este escenario, Costa Rica ofrece una referencia para otros países de la región que buscan avanzar hacia una movilidad más sostenible y aprovechar el ferrocarril como parte de una estrategia de integración y competitividad.


