El desafío intermodal latinoamericano: conectar puertos, carreteras y ferrocarriles

La logística intermodal se ha convertido en una alternativa estratégica para mejorar la competitividad del comercio exterior en América Latina, al combinar distintos medios de transporte —como camiones, ferrocarriles, buques y aviones— para movilizar mercancías de manera más eficiente. La región cuenta con una posición geográfica privilegiada, acceso a los océanos Atlántico y Pacífico y una importante base exportadora de productos agrícolas, minerales, industriales y energéticos.

Sin embargo, aprovechar estas ventajas exige una mayor coordinación entre los modos de transporte y una planificación integral de las cadenas de suministro. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha destacado la importancia de fortalecer la infraestructura, la conectividad y la facilitación del comercio para reducir los costos logísticos y mejorar la integración regional.

Entre las principales fortalezas de la logística intermodal latinoamericana destaca su extensa red portuaria, que conecta los mercados regionales con los principales centros económicos de Asia, Europa y Norteamérica. A ello se suman proyectos de infraestructura que buscan ampliar la capacidad de transferencia de carga entre carreteras, puertos y ferrocarriles. Un ejemplo es el desarrollo del puerto de Chancay, en Perú, que apunta a fortalecer la conexión comercial transpacífica y a modificar los flujos logísticos entre Sudamérica y Asia.

Asimismo, corredores bioceánicos y ferroviarios pueden contribuir a reducir distancias operativas, diversificar rutas y facilitar el transporte de grandes volúmenes de mercancías. No obstante, la CEPAL y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) plantean la necesidad de impulsar una planificación que considere las redes de transporte como sistemas integrados, en lugar de desarrollar proyectos aislados.

Una de las principales debilidades es la desigual distribución de la infraestructura y la persistente dependencia del transporte por carretera. En numerosos países, los ferrocarriles presentan una cobertura limitada, problemas de conectividad o diferencias técnicas que dificultan su articulación con los puertos y los centros de producción. Esta situación incrementa la presión sobre las carreteras, eleva los costos de combustible y mantenimiento y aumenta la exposición a congestiones y retrasos.

A ello se agregan las deficiencias en caminos secundarios, accesos portuarios y terminales de transferencia, especialmente en zonas alejadas de los principales centros urbanos. De acuerdo con los análisis de infraestructura y transporte de la CEPAL, estas brechas representan un obstáculo para mejorar la productividad y la competitividad regional, particularmente cuando los tiempos de traslado internos reducen las ventajas obtenidas en los mercados internacionales.

Otro desafío relevante es la falta de coordinación entre los actores públicos y privados, así como las diferencias regulatorias y administrativas entre los países. Los trámites aduaneros, los controles fronterizos, la documentación no armonizada y los sistemas informáticos que no intercambian información pueden generar demoras que anulan los beneficios de combinar distintos medios de transporte.

El informe de la CEPAL, Integración regional y facilitación de la logística en América del Sur (2020), identifica las ineficiencias administrativas, las brechas de infraestructura y la falta de armonización de procesos como factores que encarecen las cadenas de suministro. Frente a este escenario, avanzar en ventanillas únicas de comercio exterior, digitalización documental y coordinación entre aduanas permitiría agilizar el tránsito internacional de mercancías y mejorar la previsibilidad de las operaciones.

La tecnología y la sostenibilidad representan, por su parte, oportunidades para modernizar la logística intermodal latinoamericana. La incorporación de plataformas de seguimiento en tiempo real, inteligencia artificial, sistemas de gestión de transporte y herramientas de planificación de carga puede mejorar la trazabilidad, aprovechar mejor la capacidad disponible y reducir los viajes con vehículos vacíos. Al mismo tiempo, trasladar determinados volúmenes de carga desde las carreteras hacia el ferrocarril o el transporte marítimo puede disminuir el consumo energético y las emisiones, siempre que existan conexiones eficientes entre terminales y centros productivos.
La CAF, en su análisis sobre los ferrocarriles en América Latina, subraya la importancia de mejorar la interoperabilidad ferroviaria y la integración con puertos y carreteras. El desafío consiste en financiar estas transformaciones y asegurar que las inversiones tecnológicas lleguen también a empresas medianas y pequeñas.

En definitiva, el futuro de la logística intermodal en América Latina dependerá de la capacidad de los países para transformar sus infraestructuras dispersas en corredores conectados, eficientes y resilientes. Esto requiere inversiones sostenidas en terminales de transferencia, redes ferroviarias, accesos portuarios y centros logísticos, junto con políticas públicas que promuevan la colaboración entre gobiernos, operadores y empresas exportadoras.

La CEPAL, en su publicación Mejor infraestructura para una mayor integración económica en América Latina y el Caribe, destaca la relación entre conectividad, infraestructura logística e integración comercial regional. Si la región logra superar las barreras físicas, operativas y regulatorias, la intermodalidad podrá contribuir a reducir costos, fortalecer el comercio intrarregional, mejorar la competitividad de las exportaciones y avanzar hacia cadenas de suministro más sostenibles.

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