Latinoamérica apuesta por una gestión logística más eficiente para competir en un mercado global

La capacidad de gestión logística se ha convertido en un factor determinante para que las empresas y los países de América Latina puedan competir en mercados cada vez más exigentes. Ya no basta con disponer de infraestructura portuaria, carreteras, aeropuertos o centros de distribución: es necesario administrar de manera coordinada los distintos eslabones de la cadena de suministro, anticipar interrupciones y contar con información confiable para tomar decisiones.

El Banco Mundial, a través de su Logistics Performance Index (LPI), considera precisamente aspectos como la eficiencia de las aduanas, la infraestructura, la calidad de los servicios logísticos, la capacidad de seguimiento de los envíos y la puntualidad como elementos fundamentales del desempeño logístico.

En este escenario, la visibilidad de extremo a extremo adquiere un papel central. Conocer dónde se encuentra una carga, cuánto tiempo permanecerá en tránsito, qué inventario está disponible y cuáles son los posibles puntos de congestión permite reaccionar antes de que un problema se transforme en un sobrecosto o retraso.

La nueva metodología LPI 2.0 del Banco Mundial utiliza datos operacionales de movimientos reales de carga marítima, aérea y postal, justamente para medir conectividad, velocidad y confiabilidad de las cadenas de suministro. Sus resultados muestran que persisten brechas de conectividad y problemas de imprevisibilidad especialmente en puertos, centros de transbordo y puntos fronterizos.

Para Latinoamérica, mejorar esta capacidad de gestión implica avanzar en digitalización, integración de datos y automatización. Sistemas de gestión de transporte y almacenes, plataformas de trazabilidad, sensores IoT, inteligencia artificial y herramientas de analítica permiten integrar información que tradicionalmente se encontraba fragmentada entre transportistas, operadores logísticos, puertos, aduanas y clientes.

El Banco Mundial señala que la digitalización de las cadenas de suministro puede reducir significativamente los tiempos de permanencia en los puertos, mientras que el BID ha identificado que una parte importante de los actores del transporte latinoamericano todavía carece de estrategias de transformación digital.

La gestión eficiente también requiere medir permanentemente el desempeño. Indicadores como tiempo de tránsito, nivel de servicio, utilización de activos, rotación de inventarios, costos por tonelada o pedido, cumplimiento de entregas y tiempos de despacho permiten detectar ineficiencias y establecer planes de mejora.

Esta necesidad es especialmente relevante en una región donde los costos logísticos históricamente han representado una carga importante para las empresas. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo estimó que los costos logísticos en América Latina y el Caribe podían representar entre 18% y 35% del valor de los productos, frente a alrededor de 8% en países de la OCDE.

La coordinación entre los diferentes actores es, por ello, otro componente esencial de la competitividad. Una empresa puede contar con tecnología avanzada, pero si sus proveedores, operadores de transporte, terminales portuarios o autoridades funcionan con información desconectada, la visibilidad de la cadena seguirá siendo limitada.

El BID ha planteado que América Latina necesita mejorar su infraestructura logística, profundizar la integración regional y fortalecer las condiciones que permitan participar de manera más efectiva en las cadenas globales de valor. En paralelo, la CEPAL ha advertido que el comercio regional enfrenta un escenario marcado por tensiones geopolíticas, proteccionismo y disrupciones en el transporte marítimo, lo que aumenta la importancia de contar con cadenas más coordinadas y resilientes.

En definitiva, la competitividad logística latinoamericana dependerá cada vez más de la calidad de la gestión y de la capacidad para transformar datos en decisiones. La visibilidad debe dejar de ser entendida solamente como la posibilidad de rastrear una carga y convertirse en una herramienta estratégica para anticipar riesgos, optimizar recursos, reducir tiempos y mejorar el servicio al cliente. En un escenario internacional donde las cadenas de suministro son más complejas y están expuestas a interrupciones, aquellas organizaciones capaces de integrar tecnología, personas, infraestructura e información tendrán mayores herramientas para responder con rapidez y construir operaciones logísticas más eficientes, predecibles y resilientes.

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